¿Por qué no hay receptores latinos en el béisbol japonés?

Category: El Bate del Samurai Published: 05 February 2018
Written by Claudio Rodríguez Otero Hits: 134
 

El norteamericano Mike Díaz es uno de los pocos importados que ha intentado ser receptor en la NPB

 

   Uno de nuestros seguidores nos preguntó recientemente la razón por la que la NPB no hace la inversión de contratar receptores latinos, ya que desde su punto de vista los japoneses no batean mucho y sería mejor apostar por los caribeños.

 

   La respuesta es muy sencilla: la barrera idiomática y la falta de experiencia en la liga. El japonés es una lengua muy difícil de dominar en poco tiempo, tal como lo es adaptarse rápidpo al estilo de juego de liga, que a menudo contradice lo que se hace en las mayores.

 

   Por lo general, los clubes japoneses contratan jugadores extranjeros con la expectativa de que éstos contribuyan de inmediato al éxito del equipo, por lo que el tiempo que tienen para acostumbrarse al estilo de juego del circuito es muy poco.

 

   Un lanzador extranjero, bajo la tutela de un experimentado receptor japonés, puede adaptarse rápido al béisbol japonés. Así mismo, un toletero importado puede aprender en poco tiempo a reconocer los lanzamientos de los lanzadores japoneses y hacer buen contacto con ellos.

 

   Sin embargo, un receptor extranjero no puede aprender a hablar japonés fluido ni reconocer las fortalezas y debilidades de las alineaciones rivales en cuestión de uno dos meses. Sin duda, necesita mucho más tiempo para hacerlo y eso es precisamente con lo que no cuenta.

 

   No es que se trate de una mala idea. Los clubes nipones, de hecho, lo han intentado en varias ocasiones, pero los resultados han sido tan desastrozos que éstos no tuvieron más remedio que abandonar rápidamente el experimento.

 

   Un par de intentos recientes involucraron a los receptores venezolanos Kevin Moscatel y Alejandro Segovia, pero ambos arrojaron un resultado incluso peor que en el pasado ya que ninguno de los dos logró debutar en la máxima categoría de la NPB.

 

   Moscatel fue firmado por las Estrellas de DeNA en febrero de 2013 como una apuesta a futuro. Es decir, el club no lo contrató esperando que arrojase resultados de inmediato, sino que lo envió a su conjunto filial con la esperanza de que, en 2 o 3 años, éste aprendiese a hablar japonés fluido y se convirtiese en un receptor que pudiese guiar al equipo mayor. Lamentablemente, eso no ocurrió y éste terminó abandonando el club después de dos años.

 

   Exactamente lo mismo ocurrió con Segovia, que fue firmado en diciembre de 2014 por las Águilas de Rakuten para ser incluido en su programa de desarrollo de jugadores. No obstante, tal como pasó con su compatriota, no pudo aprender el idioma ni tampoco adaptarse bien a la disciplina del béisbol japonés, por lo que abortó la misión después de una campaña.

 

   Los norteamericanos Adrian Garrett (en 1978, con los Carpas de Hiroshima) y Mike Díaz (en 1990, con los Oriones de Lotte) al menos tuvieron la oportunidad de intentar ser receptores en la NPB y disputaron varios partidos detrás del plato con sus respectivos equipos antes de darse cuenta que no podían continuar en esa posición.

 

   Cuando se les preguntó la razón de sus fracasos, ambos explicaron que la barrera idiomática resultó ser demasiado difícil de superar y que por ello las señas se vivían cruzando y terminaron recibiendo lanzamientos que no habían solicitado.

 

   Algo peor ocurrió en el año 2000, cuando durante un juego de pretemporada el manager de los Dragones de Chunichi Senichi Hoshino decidió mover repentinamente al australiano Dave Nilsson de los jardines a la receptoría.

 

   Sin poder hablar el idioma o conocer a los lanzadores con los que estaba trabajando, Nilsson estaba tan confundido que no supo qué hacer y su desastroza actuación lo llevó a pasar la mayor parte de la campaña en el conjunto filial y a ser dejado en libertad a finales de año.

 

   Si bien es cierto que ninguno de los receptores japoneses actuales es un buen bateador, ese no siempre ha sido el caso. Shinnosuke Abe, el veterano jugador de los Gigantes de Yomiuri, es el más reciente ejemplo de ello.

 

   Antes de que las lesiones lo obligaran a moverse a la primera base, Abe fue por muchos años el receptor titular del popular conjunto de Tokio y brilló en ese puesto no sólo a la defensiva sino también a la ofensiva.

 

Shinnosuke Abe conecta un jonrón durante su excepcional campaña 2012

 

   En la campaña 2012, por ejemplo, fue electo Jugador Más Valioso de la Liga Central luego de liderar el circuito en promedio (.340), empujadas (104), porcentaje de slugging (.565) y porcentaje de bases alcanzadas (.429), además de conectar 27 jonrones.

 

   Katsuya Nomura, quizás el mejor receptor japonés de la historia, disparó 657 cuadrangulares en las 26 campañas en las que vio acción en la NPB, lo que lo convierte en el segundo de todos los tiempos en esa categoría detrás del legendario Sadaharu Oh.

 

Resumen de la actuación de Seiji Kobayashi en el Clásico Mundial 2017

 

   Sin ir tan lejos, Seiji Kobayashi, el actual receptor de Yomiuri, lideró la selección japonesa con .450 de promedio en el Clásico Mundial de Béisbol 2017, si bien no pudo mantener esa misma forma durante la temporada regular de ese año.

 

   De cualquier manera, a los equipos japoneses en realidad no les molesta o les preocupa demasiado que sus receptores no sean buenos bateadores. Ellos están en sus posiciones porque son buenos receptores defensivos y saben dirigir el juego, que es lo que más les importa a sus managers.

 

   Incluso en las Grandes Ligas son pocos los receptores que destacan en el departamento ofensivo. En 2017, sólo uno estuvo entre los primeros 50 en promedio. Otro se metió entre los primeros 50 en jonrones y ese mismo también apareció entre los primeros 50 en empujadas.

 

   No cabe duda de que el receptor es el jugador más importante que un equipo puede tener sobre el terreno. No sólo se encarga de manejar a los lanzadores y estudiar las fortalezas y debilidades de las alineaciones rivales, sino también de dirigir la defensa. Todo esto, sin contar el aporte que también puede hacer con el bate.

 

   En nuestra opinión, el puertorriqueño Yadier Molina es por mucha ventaja el mejor receptor que se ha visto en las mayores en la última década. Si bien su aporte ofensivo es bastante respetable, su trabajo detrás del plato es tan excepcional que incluso si su promedio fuese .200 todavía sería titular indiscutible con su equipo.

 

   Su habilidad para solicitar el lanzamiento apropiado en el momento correcto es tan grande que incluso un lanzador promedio puede convertirse en un as gracias a su ayuda. Si a eso agregamos que es casi imposible robarle una base y que es un gran líder sobre el terreno, no cabe duda de que los Cardenales de San Luis no serían tan exitosos sin él.

 

   En Japón, por lo tanto, el enfoque es el mismo. Motonobu Tanishige, el jugador con más partidos disputados de por vida en la historia de la NPB (3.021), fue el receptor titular de los Dragones de Chunichi hasta sus 43 años precisamente por su habilidad para controlar el juego de su equipo detrás del plato.

 

   Su promedio de por vida en las 27 temporadas que disputó como profesional fue de apenas .240 y en ese mismo período sólo conectó 229 jonrones y empujó 1.040 carreras, pero su aporte defensivo fue tan extraordinario que su club nunca le cedió su puesto a otro receptor sino hasta que no tuvo más remedio.

 

   Muchos extranjeros que han pasado por la NPB han tenido éxito en sus respectivas posiciones y hasta han logrado imponer marcas increíbles en la liga, como los 60 jonrones del curazoleño Wladimir Balentien en 2013 o los 54 salvados del norteamericano Dennis Sarfate en 2017.

 

   No obstante, la receptoría parece destinada a ser la única posición del terreno que esos importados no podrán conquistar nunca. No es que sea imposible que ocurra, pero sí muy difícil debido a los inmensos obstáculos que hay que superar en tan poco tiempo para lograrlo.

 

Comments   

0 #1 pepon soriano 2018-02-06 11:39
muchas gracias y esperemos que invadan mas receptores el beisbol japonés aunque la barrera del idioma sea difícil, pero el beisbol es un deporte de señas y ayudaría aque tantos y tantos receptores latinos jueguen en buenas ligas, caso de los puertoriqueños y venezolanos,.
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