Mar, 09 Ago 2022 22:59 PM

Las lecciones que aprendió Japón en el Clásico 2013

   A pesar de la desilusión de no haber podido capturar el título por tercera vez, de haber sufrido la ausencia de sus estrellas que militan en las Grandes Ligas y de no haber jugado al máximo de sus capacidades, Japón aprendió valiosas lecciones del Clásico Mundial de Béisbol 2013.
 
   La primera y más importante de ellas es que, sin importar la calidad del juego demostrado sobre el terreno, el equipo contó con el apoyo incondicional de sus fanáticos, sus medios, sus patrocinadores y su país en general.
 
   La asistencia de fanáticos al Yafuoku Dome de Fukuoka y al Tokyo Dome, donde la selección disputó todos sus partidos de la primera y la segunda rondas, fue masiva, como también lo fue al Parque AT&T de San Francisco, donde jugó la semifinal ante Puerto Rico.
 
   Los niveles de audiencia televisiva para cada uno de sus encuentros fueron superiores al 20%y alcanzaron su punto más alto durante el primer enfrentamiento ante Holanda en la segunda ronda, cuando el 34,4% de los espectadores encendieron sus pantallas para ver el partido.
 
   La estación deportiva japonesa J Sports transmitió en vivo todos y cada uno de los encuentros del torneo y Konami, una compañía multinacional que produce juegos de video y otros productos de entretenimiento, fue uno de los cuatro patrocinadores globales del evento.
 
   Por si esto fuera poco, El Equipo Samurai, como se conoce a la selección tanto nacional como internacionalmente, ya ha asegurado más de 10 millones de dólares en diversos acuerdos de patrocinio, por lo que su futuro no podría lucir mejor.
 
   La NPB quedó satisfecha con el trabajo de Koji Yamamoto como manager, por lo que podría extender su contrato por un tiempo más. El plan más inmediato es organizar algunos partidos amistosos hacia finales de año para mantener al combinado activo.
 
   Otra lección importante que aprendió el equipo fue comprobar la profundidad de su roster. La negativa a participar en el torneo de las máximas estrellas del país que militan en las Grandes Ligas cubrió de pesimismo la campaña de la selección, pero el sentimiento se transformó pronto en optimismo cuando varios jugadores de los que no se esperaba mucho hicieron sentir su presencia con actuaciones para el recuerdo.
 
   El más destacado de ellos fue el veterano camarero Hirokazu Ibata, quien a sus 37 años fue incluido en el conjunto como remplazo para el cuadro y como una guía para los jugadores más jóvenes, pero no como uno de los titulares del mismo.
 
   No obstante, el experimentado toletero se fue de 18-10 para registrar el cuarto promedio ofensivo más alto del torneo (.556) y además empujó cuatro carreras cruciales para el éxito del equipo que ya le han asegurado un puesto en la historia del deporte en su país.
 
   En el primer juego ante Brasil, remolcó la carrera del empate en el cierre de la octava entrada que evitó una derrota que hubiese echado por tierra las aspiraciones de la selección en el campeonato. Luego, ante Cuba, produjo una de las 3 anotaciones que por poco le permiten al combinado remontar el marcador en el noveno episodio.
 
   Ante Taiwán, en el inicio de la segunda ronda, volvió a remolcar la carrera del empate en la apertura del noveno episodio cuando su equipo estaba a un strike de la derrota y en la semifinal ante Puerto Rico un batazo suyo trajo a la goma la única anotación del conjunto.
 
   Tal fue la resonancia de su actuación que su club, los Dragones de Chunichi, le preparó una bienvenida de héroe en el aeropuerto a su regreso del Clásico que incluyó la presencia de altos oficiales de la institución para recibirlo, una habitación en un hotel de lujo para pasar la noche y la presentación de un arreglo floral para honrarlo antes del inicio de un juego de pretemporada.
 
   El otro jugador que saltó a la fama gracias a su actuación en el evento fue el joven de 24 años Kenta Maeda, quien lideró el torneo en entradas lanzadas (15) y ponches (18), dejó récord de 2-1 y registró una impresionante efectividad de 0.60.
 
   El derecho de los Carpas de Hiroshima, que se alzó con el Premio Sawamura en 2010, ya era conocido en Japón, pero se le consideraba como el segundo mejor lanzador de la selección detrás de Masahiro Tanaka. Sin embargo, éste mostró problemas de control sobre el montículo y el primero no perdió la oportunidad de asumir su puesto en la rotación de abridores.
 
   Ambos peloteros fueron electos luego al equipo ideal de Clásico debido a sus sobresalientes actuaciones.
 
   La habilidad para saber manejar la presión fue la lección más valiosa que el combinado obtuvo de su derrota en semifinales. Disputar un torneo con la insuperable expectativa de quedar campeón no deja margen para errores y al final fue el enorme peso de esa exigencia lo que doblegó a los jugadores.
 
   Desde el primer partido, el conjunto lució dubitativo, tenso, incapaz de batear en los momentos importantes y hasta poco efectivo en el área que hasta ahora había sido su mayor fortaleza: su cuerpo de lanzadores.
 
   Sólo en los dos encuentros ante Holanda en la segunda ronda, que culminaron con victorias contundentes, la selección lució cómoda. En el resto de los partidos sufrió de principio a fin.
 
   Es cierto que la ausencia de sus estrellas que militan en las Grandes Ligas, la pobre actuación de quienes estaban llamados a liderar al resto de los jugadores (el receptor Shinnosuke Abe y el lanzador Masahiro Tanaka) y las discutibles decisiones del manager Koji Yamamoto afectaron la confianza y el rendimiento del equipo, pero al final fueron las deficiencias individuales de la mayoría de los peloteros las que sellaron el destino del conjunto.
 
   Aunque parezca mentira, la derrota ante Puerto Rico le otorga muchas cosas positivas al Equipo Samurai. La más importante de ellas es que le quita de encima la presión constante de tener que mantener la seguidilla de títulos.
 
   Así, cuando el Clásico Mundial 2017 se empiece a disputar, Japón asistirá como un contendiente al título, pero no como el vigente campeón al que todos consideran como el rival a vencer. Esto le permitirá participar en el torneo lleno de motivación y con el deseo, no la obligación, de ser campeón.
 
   Luego, la aspiración de demostrar que todavía tienen el talento suficiente para ganar puede que convenza a los jugadores que militan en las Grandes Ligas de participar en el evento y así conformar el mejor equipo posible para representar al país.
 
   Adicionalmente, esta sed de demostrar su potencial puede que ponga punto y final a las amenazas de boicotear el evento que los jugadores japoneses ya han puesto de moda antes de la celebración de cada edición del mismo.
 
   No resulta una sorpresa que Japón no haya podido capturar el título por tercera vez. Después de todo y como ya lo habíamos advertido en una columna anterior, no podía seguir ganando por siempre y su eliminación era sólo cuestión de tiempo.
 
   Lo bueno es que ahora tiene la oportunidad de hacer borrón y cuenta nueva y prepararse con toda la calma y la ilusión del mundo, y también con el apoyo incondicional de sus fanáticos, sus medios y sus patrocinadores, para la próxima cita en 2017. ¡Le deseamos la mejor de las suertes!
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