Mar, 09 Ago 2022 22:33 PM

La historia de Oh y el éxito japonés en MLB

   A raíz de nuestra columna de la semana pasada, Analizando el nivel de juego de la NPB, uno de nuestros seguidores, Marlon, se tomó el tiempo de expresar por escrito su desacuerdo con las ideas presentadas en nuestro texto.
 
   Según él, la calidad de juego del béisbol japonés apenas se puede equiparar al de un nivel triple A y para comprobarlo hizo referencia a una serie de hechos que, en su opinión, confirman su punto de vista.
 
   Este tema, en realidad, no amerita más discusión. Cada quien tiene su opinión al respecto y no importa cuánta información se provea en relación al mismo, siempre habrá quienes no quieran entenderla o aceptarla, sin importar cuál punto de vista estén defendiendo.
 
   Sin embargo, quisimos tomarnos la libertad de responder a algunos de sus comentarios porque esto nos da la oportunidad de abordar temas que poseen mucho valor histórico y que vale la pena compartir con nuestros lectores.
 
   Empecemos por analizar el caso de Sadaharu Oh, quizás el más famoso y exitoso jugador japonés de todos los tiempos. El hombre que conectó 868 jonrones –un récord mundial– en una extraordinaria carrera de 22 temporadas (1959-1980) en las que también ganó 13 títulos de cuadrangulares de manera consecutiva –15 en total–, 12 de carreras empujadas, 9 premios al Jugador Más Valioso y una larga lista de galardones más.
 
   Marlon, en sus comentarios, explica que le parece curioso que si Masanori Murakami logró jugar en las Grandes Ligas en 1964 Oh nunca lo haya logrado, a pesar de ser tan famoso y tener números tan extraordinarios. La razón es bien simple y es la misma que le impidió a cualquier otro jugador japonés dar el salto a la Gran Carpa entre 1964 y 1995: presión social.
 
   Para un pelotero nipón, especialmente para uno famoso, hubiese sido considerado una traición a la patria firmar con un club de Grandes Ligas e irse a jugar a los Estados Unidos. Todas las puertas dentro de su país se le hubiesen cerrado y prácticamente no hubiese podido regresar.
 
   Los Dodgers de Los Ángeles intentaron firmar a Shigeo Nagashima, el pelotero más idolatrado dentro de Japón, a principios de los 60, pero el dueño de los Gigantes de Yomiuri se negó a venderlo por la misma razón. Esto, sin contar que los contratos de la época ataban a los jugadores japoneses a sus clubes de por vida o por un período de tiempo (14 años, por ejemplo) que hacía prácticamente imposible que se fueran a jugar a cualquier otra parte después de terminado el mismo.
 
   El mismo Murakami, que era un desconocido en Japón, se convirtió en el primer representante de ese país en jugar en las mayores por casualidad. Los Halcones de Nankai (hoy Halcones de SoftBank), que no lo tenían siquiera en su roster activo, lo enviaron a los Estados Unidos a entrenar en las categorías menores de los Gigantes de San Francisco como parte de un convenio de trabajo entre ambos clubes y a su llegada el joven lanzador fue enviado a Fresno, California, a jugar en una liga de clase A.
 
   De alguna manera, Murakami se convirtió en una sensación sobre el montículo y el club quedó tan impresionado con su actuación que decidió subirlo al equipo grande y darle el chance de trabajar como relevista, donde también deslumbró. Ese éxito lo convirtió en una celebridad al regresar a su país luego de finalizada la temporada, pero también en el foco de una amarga pelea entre Nankai y San Francisco para retener sus servicios.
 
   El acuerdo de trabajo entre ambos clubes le daba al segundo, legalmente, la opción de firmar al jugador y mantenerlo en sus filas indefinidamente, pero el primero alegó que le estaban “robando” a su jugador y armó un escándalo de tal magnitud que al final el conjunto estadounidense, para evitar un deterioro mayor de las relaciones entre ambas ligas, decidió dejarlo regresar a su país luego de que el jugador terminase de jugar la temporada 1965.
 
   Luego de finalizada la disputa, ambas ligas firmaron un acuerdo de trabajo en el que ambos bandos prometieron no interferir en los asuntos del otro y el tema de la emigración de jugadores japoneses a las Grandes Ligas se mantuvo como un tabú hasta que Hideo Nomo decidió revelarse contra las reglas establecidas en 1995.
 
   Cabe destacar que si bien Oh nunca jugó en las mayores, todos los equipos estadounidenses que fueron a jugar series de partidos amistosos en Japón durante su época y que incluyeron a estrellas como Bob Gibson, Lou Brock, Brooks Robinson, Frank Robinson, Tom Seaver y Hank Aaron, alabaron unánimemente su calidad como pelotero y aseguraron que hubiese podido jugar en la Gran Carpa sin problemas.
 
   En noviembre de 1974, por ejemplo, Aaron y Oh protagonizaron una competencia de jonrones en el Estadio Korakuen de Tokio (antecesor del Tokyo Dome). Aaron ganó, pero el resultado final fue bastante ajustado: 10-9.
 
   No fue sino hasta a finales de 1994 que la situación empezó a cambiar. Hideo Nomo, harto del trato recibido por parte de su club, los Búfalos de Kintetsu (hoy Búfalos de Orix), decidió encontrar una manera de escaparse de su contrato japonés para cumplir su sueño de jugar en las mayores.
 
   Con la ayuda de los entonces desconocidos agentes Don Nomura y Arn Tellen, encontró una oscura cláusula en su contrato que le permitía retirarse voluntariamente del béisbol japonés y quedar libre para jugar en cualquier otra liga extranjera que desease, por lo que firmó con los Dodgers y terminó ganando el premio al Novato del Año en 1995 en la Liga Nacional.
 
   Lograrlo no fue nada fácil. Nomo dio el salto a las mayores en contra de la voluntad de todo el país. La prensa local lo calificó de traidor y hasta su propio padre dejó de hablarle por un buen tiempo. Pero como luego tuvo éxito y se convirtió en una celebridad, entonces el resto de los equipos de las mayores empezaron a buscar talento en Japón y hasta la fecha de hoy lo siguen contratando con avaricia.
 
   En otro comentario, Marlon reta a cualquier jugador de la NPB a irse a las Grandes Ligas y batear 2.000 hits, conectar 100 jonrones o ganar 100 juegos. Todo esto ya ha sido logrado. Al momento de escribir estas líneas, Ichiro Suzuki cuenta con 2.732 hits en su haber. Hideki Matsui disparó 175 cuadrangulares en las 10 campañas que disputó en MLB y Hideo Nomo ganó 123 juegos en los 12 años que jugó en esa liga, incluyendo dos juegos sin hits ni carreras.
 
   Adicionalmente, menciona a Ichiro Suzuki y Hisashi Iwakuma como los dos únicos ejemplos de jugadores nipones que han tenido éxito en las mayores. La lista es bastante más larga que eso. Comenzando desde Murakami, que disputó dos temporadas exitosas con los Gigantes de San Francisco en 1964 y1965, también han tenido carreras muy meritorias en las mayores Hideo Nomo (12 campañas), Tomokazu Ohka (11 años), Hideki Matsui (10 años), So Taguchi (8 años), Kazuo Matsui (7 años), Hiroki Kuroda (6 años), Koji Uehara (5 años), Kazuhiro Sasaki (4 años), Tadahito Iguchi (4 años), Kenji Jojima (4 años), Yu Darvish (2 años) y Norichika Aoki (2 años), entre otros.
 
   No obstante, el punto más importante de esta crítica es que es muy injusta, porque que pasa por alto el hecho de que los contratos actuales obligan a los jugadores japoneses a disputar 9 temporadas completas con sus respectivos clubes antes de poder convertirse en agentes libres, por lo que la mayoría de ellos llega a las Grandes Ligas cuando ya tienen 29 o 30 años de edad. ¿Cómo se le puede pedir a un jugador nipón que obtenga 2.000 hits en las mayores si sólo puede empezar su carrera allá a los 30 años?
 
   Eso es como criticar a una liga caribeña como la venezolana, por citar un ejemplo, por no tener jugadores que hayan llegado nunca a los 2.000 hits. ¿Cómo se puede llegar a esa cantidad en un campeonato cuya temporada regular consta de apenas 60 juegos?
 
   En un comentario adicional, Marlon critica, sin conocerla, la efectividad de los equipos japoneses. Alega que la de MLB es de 3.80 y que le parece bastante normal y que no entiende cómo podemos decir que los lanzadores japoneses tienen un buen control.
 
   A la fecha de hoy, la efectividad promedio de los 12 clubes de la NPB es de 3.67 y 3 de sus lanzadores tienen en este momento efectividades inferiores a 2.00: Masahiro Tanaka (1.24), Chihiro Kaneko (1.88) y Kenta Maeda (1.92), en comparación a sólo uno en las Grandes Ligas, Clayton Kershaw (1.89).
 
   Marlon acota que los bateadores japoneses no batean. No entendemos a qué se refiere con eso. En este momento, un total de 19 jugadores en la NPB tienen un promedio ofensivo igual o superior a .300. En la Gran Carpa son 23, lo que representa una diferencia muy pequeña considerando que MLB cuenta con 30 equipos y la NPB con sólo 12.
 
   Quizás se refiera a que no tienen tanto poder como los bateadores que juegan en las Grandes Ligas. Eso es cierto, pero las carreras no sólo se producen con jonrones, sino también con extra bases, que es algo que se ve mucho en Japón. Además, el típico bateador japonés tiene un estilo similar al de Ichiro Suzuki y es capaz de hacer contacto con todo tipo de lanzamiento, así que el hecho de que no tengan poder no quiere decir que son más fáciles de retirar.
 
   Luego habla del hecho de que este año “falsearon” la pelota oficial de la liga. Tampoco entendemos a que se refiere con eso. La NPB adoptó el uso de una pelota oficial en 2011 que supuestamente iba a tener características muy similares a la utilizada en las mayores pero terminó siendo un desastre porque no volaba tanto como se suponía. Esto produjo un alarmante bajón ofensivo en la liga que despertó muchas críticas.
 
   Este año, a espaldas del comisionado, el secretario general de la NPB ordenó que se corrigieran los defectos que tenía para darle la calidad y la capacidad de vuelo que se suponía debía tener desde el principio. El cambio se hizo rápidamente notorio debido al repunte de la ofensiva en todos los juegos y la presión mediática obligó a la liga a confesar lo que había hecho.
 
   Eso ya lo criticamos en una columna anterior, Escándalo de la pelota revela debilidades de la NPB, explicando que fue una tontería haberlo mantenido en secreto porque el cambio no sólo es bienvenido, sino que además era necesario y la misma NPB hubiese salido ganando si lo hubiese anunciado desde el principio.
 
   La lista de deficiencias que tiene la NPB como organización no es pequeña, pero si a críticas vamos MLB tampoco es perfecta. Mucha gente olvida que en 1988 un tribunal de arbitraje la declaró culpable de colusión tras hacerse evidente que durante las 3 temporadas anteriores ninguno de sus equipos había querido contratar a los agentes libres de los otros.
 
   Como explicó una vez Marvin Miller, el primer jefe de la asociación de peloteros de MLB y  pionero de la defensa de sus derechos, ese escándalo es mucho más grave que cualquier otro que se haya visto en la historia de la liga porque incluyó la participación de los dueños de los entonces 26 equipos y también del comisionado en un pacto secreto para detener la libre competencia y el incremento de los salarios de los jugadores.
 
   Para finalizar, repetimos, cada quien tiene su opinión acerca del verdadero nivel de juego de la NPB y la mayoría no la va a cambiar, diga lo que se diga. Así que sólo queremos presentarles algunas ideas para que se formen su propia opinión.
 
   Primero, independientemente de su calidad, es un hecho que la NPB es, después de MLB, la liga de béisbol mejor organizada y que paga mejores salarios en el mundo.
 
   Segundo, si su calidad de juego es tan de segunda clase como algunos aseguran, ¿creen ustedes que los Vigilantes de Texas se hubiesen arriesgado a invertir 110 millones de dólares y 2 años de seguimiento intensivo en Yu Darvish si ese fuese el caso?
 
   Por último, la mejor manera de disipar dudas es preguntándole directamente a los que más saben del asunto: los jugadores. Tómense el tiempo de hablar con cualquier pelotero que haya visto acción en ambas ligas y pregúntenle cómo ve la calidad de cada una.
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