Mar, 09 Ago 2022 18:28 PM

Latinos que deben evitar dormirse en sus laureles

   En las Grandes Ligas y el béisbol del mundo occidental un jugador que ha completado una campaña exitosa por lo general recibe un crédito de confianza por parte su equipo, que lo continuará utilizando como titular aun si está jugando mal en la nueva temporada.
 
   El razonamiento es sencillo. El buen rendimiento que tuvo el año pasado es una prueba de que el pelotero tiene talento y simplemente hay que darle el tiempo de juego necesario para que se reencuentre consigo mismo y empiece a arrojar buenos resultados otra vez.
 
   En Japón, tal sistema crediticio sólo se ve en los cuentos de hadas. Todos los equipos esperan que sus jugadores, en especial los mejores, rindan siempre al máximo de sus capacidades y no dudan en castigar a aquellos que no lo hagan, sin importar su estatus dentro del club.
 
   El dominicano Carlos Rosa representa un claro ejemplo de esto. El derecho tuvo un debut de ensueño en la NPB en la campaña 2011, en la que registró una efectividad de 2.08 en 62 apariciones como relevista intermedio con los Marinos de Lotte.
 
   Como él mismo nos lo reveló en una entrevista, cuando regresó a Japón para disputar la temporada 2012 decidió tomarse las cosas con más calma ya que, después del éxito obtenido el año anterior, supuso que su equipo le daría la oportunidad de seguir lanzando incluso si no lo hacía a su mejor nivel o no estaba en óptimas condiciones físicas.
 
   El resultado fue que su efectividad se disparó a 6.00 y apenas vio acción en 16 encuentros en todo el año, que pasó viajando entre las ligas menores y las mayores. Afortunadamente para él, el club decidió darle una oportunidad más en 2013 y éste no la desaprovechó, demostrando que todavía tiene el material necesario para triunfar en la liga.
 
   Entre los varios latinos que han experimentado una situación similar se encuentran los venezolanos Alex Cabrera y Alex Ramírez.
 
   Al igual que Rosa, Cabrera nos comentó en una entrevista que cada vez que pasaba cuatro partidos seguidos sin conectar un hit su equipo consideraba que estaba atravesando una mala racha y como consecuencia empezaba a presionarlo para que trabajase más duro y resolviese de inmediato el problema.
 
   Con Ramírez la situación fue más dura aún, ya que después de registrar tres campañas para el recuerdo con los Gigantes de Yomiuri, en dos de las cuales ganó el galardón al Jugador Más Valioso de la temporada regular, el club no le perdonó el hecho de que su rendimiento disminuyera drásticamente en su cuarto año de contrato.
 
   Poco importó que la ofensiva de toda la liga decayera de la misma manera debido a la introducción de una nueva pelota oficial que volaba mucho menos que la anterior y que, a pesar de todo, éste liderase a su equipo en los departamentos ofensivos más importantes, el resultado final fue el mismo: la salida del criollo del club.
 
   El tema viene a colación en un momento en que otros dos jugadores latinoamericanos están atravesando el mismo mal momento que experimentaron sus predecesores: el cubano Michel Abreu y el dominicano Daniel Cabrera.
 
   Abreu dejó una excelente primera impresión en la NPB el año pasado tras capturar el título de jonrones de la Liga del Pacífico con los Luchadores de Nippon Ham. Luego de un período de ajuste inicial, el robusto toletero empezó a acumular los buenos números que a final de año lo colocaron entre los líderes ofensivos del circuito.
 
   Debido a los buenos resultados que arrojó entonces su club esperaba grandes cosas de él para este año, pero en su lugar se ha encontrado con un pelotero que tiene 8 kilos de sobrepeso y que ha mostrado hasta ahora estar en una muy pobre forma física.
 
   Su falta de coordinación a la hora de batear en las últimas semanas ha sido tan notoria que su manager le ha pedido a los reporteros que no le hagan preguntas acerca del isleño, porque de lo contrario se pondrá de mal humor.
 
   Como consecuencia de esta situación, el club ha castigado al jugador negándole turnos al bate durante los partidos amistosos que ha disputado recientemente y lo está presionando para que trabaje duro y se ponga en forma lo antes posible. De lo contrario, comenzará la temporada en la banca o incluso en el equipo menor.
 
   El caso del dominicano Cabrera es prácticamente el mismo. A pesar de perderse varias semanas de acción debido a diversas lesiones, el espigado derecho debutó en la NPB el año pasado ganando sus primeras tres aperturas para los Dragones de Chunichi y permitiendo apenas una carrera en 20 entradas completas.
 
   Los conjuntos rivales descifraron posteriormente cómo conectarle la pelota, pero a pesar de todo su récord final fue un respetable 6-5, con 98 ponches y una efectividad de 3.09 en 20 aperturas.
 
   Al momento de reportarse el mes pasado a los entrenamientos primaverales de su club su forma física pareció estar en buen estado, pero una molestia en la parte baja de su espalda lo obligó a reducir notoriamente la intensidad de sus prácticas, lo que en principio pareció natural.
 
   No obstante, sus entrenadores perdieron la paciencia luego de ver cómo, a pesar del paso de los días, el caribeño se mantenía trabajando de una forma muy ligera. De inmediato lo acusaron de perezoso y lo enviaron a trabajar al equipo menor como castigo.
 
   Tanto Abreu como Cabrera cuentan con tiempo suficiente para corregir sus rumbos y volver a ser protagonistas con sus respectivos equipos este año, por lo que no es necesario entrar en pánico por lo que les está sucediendo.
 
   Sin embargo, ambos deberían acordarse de que están en Japón y que si hay algo que de verdad no pueden hacer en esta liga es dormirse en sus laureles, ya que sus clubes no les van a tener demasiada paciencia si no se esfuerzan al máximo para mantenerse en sus puestos.
 
   Como ya lo hemos explicado en artículos anteriores, la armonía de grupo (wa) es el valor más preciado de la cultura japonesa y todo aquel que se atreva a romperla es por lo general duramente castigado.
 
   Es por esto que aquellos jugadores que no mantienen bien su forma física durante el descanso invernal, no se toman las prácticas en serio, no se esfuerzan lo suficiente durante las mismas o no realizan todos los ejercicios requeridos porque se sienten superiores al resto de sus compañeros son severamente penalizados y a veces humillados en frente de sus compañeros. Quebrar la armonía del equipo es el peor pecado que se puede cometer en el béisbol japonés.
 
   Dicho esto, si bien es cierto que todavía no hay que entrar en pánico en relación a los casos de Abreu y Cabrera, tampoco hay que relajarse en los mismos. Ambos jugadores deben ponerse en forma lo antes posible, porque de lo contrario corren el riesgo de pasar este año como lo hizo Rosa en 2012, viajando constantemente entre el equipo menor y el mayor y sintiéndose frustrados por la falta de oportunidades para demostrar lo que pueden hacer sobre el terreno.
 
   Recuerden lo que dice el popular dicho japonés, que está tan vigente ahora como lo estuvo en antaño: “el clavo que sobresalga, será vuelto a clavar”.
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