Mar, 09 Ago 2022 19:59 PM

El ascenso de Hernández y la elegibilidad de Gourriel

   Dos casos distintos han despertado nuestra atención durante la última semana de acción del béisbol japonés: el despertar ofensivo del dominicano Anderson Hernández y la elegibilidad del cubano Yulieski Gourriel para el premio del Novato del Año.
 
   La diferencia entre el fracaso y el éxito de un bateador puede reducirse a veces a una sola cosa, a un pequeño movimiento del cuerpo que le permite al jugador controlar mejor el tiempo de su swing y hacer mejor contacto con la pelota.
 
   Hay quienes nunca logran descubrir el truco para batear mejor, pero quienes sí lo hacen se ganan un puesto fijo en la alineación de su equipo y dan el salto a la fama, y este es el caso actual del dominicano Anderson Hernández.
 
   El nuevo campo corto de los Dragones de Chunichi llegó a Japón este año rodeado de promesas, pero también de mucha incertidumbre. Sus entrenadores reconocían en él su potencial, pero no su capacidad de adaptación al estilo de juego local.
 
   No obstante, le dieron la oportunidad de demostrar lo que podía hacer sobre el terreno desde el día inaugural de la temporada y luego de conectar un hit en cada uno de sus dos primeros juegos las cosas parecían marchar bien.
 
   Lamentablemente, ese no fue el caso. El caribeño se fue en blanco en los siguientes 11 encuentros en los que vio acción, incluyendo períodos de descanso entre ellos, y sólo pudo sumar un imparable en los 5 siguientes, por lo que su candidatura a ganarse un puesto fijo en la alineación del club pareció cada vez más débil.
 
   En su peor momento, su promedio llegó a estar en .071. Sus períodos de descanso se hacían cada vez más largos y cuando finalmente veía acción sólo lo hacía como bateador emergente, pero afortunadamente para él todo cambio el 29 de mayo.
 
   El camarero titular del equipo, Masahiro Araki, recibió un pelotazo que le fracturó uno de sus dedos y eso obligó al equipo a buscarle un remplazo en el cuadro. Luego de estudiar distintas posibilidades, se llegó a la conclusión de mover a Noamichi Donoue del campo corto a la segunda base y darle ese puesto a Hernández, a pesar de su modesto promedio de .114.
 
   A partir del primero de junio, el dominicano comenzó a jugar como titular y la mayor cantidad de turnos que empezó a tomar por partido le dio la experiencia que necesitaba para ajustar su mecánica de bateo y comenzar a hacer mejor contacto con la pelota.
 
   Para el 7 de junio su promedio ya había ascendido a .208 y llegó a colocarse en .230 después de completar una racha de 11 juegos consecutivos con al menos un hit.
 
   Un par de encuentros en blanco redujeron ese número a .211, pero fue precisamente en ese momento que el latino descubrió la solución a todos sus problemas sobre el plato.
 
   En los 9 partidos siguientes conectó nada menos que 19 imparables, incluyendo 2 jonrones, 10 empujadas y 12 anotadas, y elevó su promedio de .211 a un increíble .289, además de crear otra seguidilla de partidos seguidos con hit que culminaría luego en 10.
 
   Desconocemos cuál fue el secreto que descubrió el caribeño sobre el plato, pero sin duda ha cambiado por completo el rumbo de su primera temporada en el béisbol japonés.
 
   La falta de continuidad sobre el terreno y su bajo promedio parecían destinarlo a quedarse sólo un año en la NPB, como le ocurrió a su compatriota Joel Guzmán en 2011, quien fue dejado en libertad tras bajar su promedio a .190 en abril y mantenerse por debajo de .200 el resto de la campaña.
 
   Sin embargo, este ya no parece ser el caso de Hernández, que de mantener el buen ritmo que ha mostrado desde el primero de junio no sólo continuará siendo titular durante el resto de la temporada sino que también se ganará una extensión de su contrato actual.
 
   En lo que respecta a Gourriel, las Estrellas de Yokohama parecen estar empezando los trámites para solicitar a la NPB que le otorguen al cotizado toletero la elegibilidad al premio de Novato del Año en la Liga Central, ya que éste cumple con todos los requisitos necesarios.
 
   Según las reglas actuales del béisbol japonés, los peloteros importados pueden ser considerados para recibir el galardón siempre y cuando hayan firmado con un club de la NPB en calidad de jugador amateur y nunca antes hayan visto acción en un circuito profesional, como las Grandes Ligas, el béisbol coreano y la liga taiwanesa.
 
   Adicionalmente, el equipo al que pertenece el jugador debe presentar una solicitud por escrito a la liga, que luego deberá ser aprobada por su comité ejecutivo, para que éste sea considerado para el premio.
 
   Como el cubano cumple con todos los requisitos y además ha tenido una buena actuación en el circuito desde que debutó el 8 de junio, no es de extrañarse que su club esté estudiando la posibilidad de nominarlo al premio.
 
   Este tipo de movidas no son nuevas en el béisbol japonés. En 2011, los Gigantes de Yomiuri consideraron también solicitar la elegibilidad al premio para el relevista venezolano Levi Romero, quien comenzó la campaña con 11 salvados luego de graduarse del programa de desarrollo de jugadores de club y ascender al equipo mayor.
 
   No obstante, el espigado lanzador no pudo entrar en la competencia por el galardón. Desconocemos si fue porque al final su equipo nunca envió la solicitud, porque ésta fue rechazada o porque sus números finales de esa campaña no fueron tan buenos como para ganarle un puesto entre los favoritos al premio.
 
   En 2007, por ejemplo, el lanzador dominicano Wirfin Obispo, quien también llegó a Japón de la mano de los Gigantes de Yomiuri, reunía todos los requisitos de elegibilidad, pero no pudo llevarse el honor porque simplemente lanzó una sola entrada en toda la temporada.
 
   No sabemos si la NPB considera jugar a nivel doble A en los Estados Unidos como ver acción en un circuito profesional, pero si ese no es el caso los Carpas de Hiroshima deberían considerar seriamente solicitar la elegibilidad del dominicano Rainel Rosario, quien ha tenido un debut explosivo hasta ahora en la liga.
 
   En los apenas 30 juegos que ha disputado hasta ahora, el joven jardinero de 25 años batea para .330, con 7 jonrones y 22 empujadas, cifras que superan con claridad las credenciales de Gourriel, quien promedia .316 sobre el plato y sólo ha disparado 4 vuelacercas y remolcado 11 carreras en los 20 encuentros en los que ha visto acción.
 
   De cualquier forma, la nominación del cubano es sin duda algo muy positivo para el béisbol latino en la NPB, ya que le otorgaría mayores posibilidades de éxito a otros jugadores de la región en el futuro en relación a ese galardón, en especial si termina ganándolo, ya que se convertiría en el primer extranjero en alzarse con el premio.
 
   Sin embargo, parece poco probable que logre quedarse con el mismo. Primero, porque sus números no son tan espectaculares como deberían para convertirlo en un candidato serio, al menos por el momento, y segundo, porque ya existe un novato japonés que se está robando la atención de todo el mundo este año, el zurdo de los Carpas de Hiroshima Daichi Osera.
 
   Osera ya era famoso en el circuito universitario antes de pasar por el draft de la NPB, por lo que su posterior firma con Hiroshima recibió una gran cobertura por parte de la prensa local. Además, su actual récord de 6-3 lo coloca a las puertas de alcanzar las 10 victorias esta temporada, lo que representa una hazaña extraordinaria para un lanzador novato.
 
   Pronto sabremos si DeNA decide solicitar o no la elegibilidad de Gourriel para el premio al Novato del Año y si la misma es aprobada o no por el comité ejecutivo de la NPB. Pase lo que pase, sin duda es algo muy positivo que un jugador latino esté siendo considerado para el galardón.
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