Mar, 09 Ago 2022 18:56 PM

Latinos imponen récord de presencia en la NPB

   El regreso a los terrenos de juego tras una larga lesión del cubano de los Luchadores de Nippon Ham Michel Abreu el pasado sábado 26 de julio elevó el número de jugadores latinos que están viendo acción en la NPB este año a un total nunca antes visto: 29.
 
   Esa cifra, que supera a los 28 que participaron en al menos un juego en la temporada 2012, representa un nuevo récord de presencia latina en el exigente circuito nipón, que con el pasar de los años continúa haciéndose mayor y más decisiva.
 
   Incluso el porcentaje de peloteros latinoamericanos en relación al total de importados que están activos en el torneo ha alcanzado una nueva cima. De los 72 jugadores foráneos que están registrados en este momento en los rosters de los 12 clubes de la liga 32 son latinos, lo que representa un 44 por ciento del total. En 2012, esa cifra se ubicó en 41 por ciento.
 
   Esto representa un avance enorme en comparación a la campaña de 1995, cuando los 3 latinos que vieron acción en la liga representaron aproximadamente el 13 por ciento del total de los peloteros importados.
 
   Otra marca que han logrado imponer los jugadores latinoamericanos esta temporada ha sido la de más debutantes en la NPB en un mismo año con 16. El récord anterior de 12 fue registrado en dos ocasiones: 1999 y 2012.
 
   Son varias las razones que han producido esta gran ola migratoria de peloteros hispanos al béisbol japonés, que como ya explicamos en una columna anterior no es más que un reflejo tardío de lo que empezó a ocurrir en las Grandes Ligas a finales de los años 80.
 
   La más importante de ellas es el cambio del límite de importados por equipo ocurrido en 1998, que ascendió a 4 luego de mantenerse en 2 por muchos años. Esto aumentó de inmediato el número de extranjeros que llegaron a jugar en la liga y también el de latinos, que a partir de entonces recibieron más oportunidades de demostrar su talento en la misma.
 
   Otra razón de peso fue muy bien explicada hace algunos años en una entrevista por el cubano Orestes Destrade, tres veces campeón jonronero de la Liga del Pacífico a principios de los años 90 con los Leones de Seibu.
 
   El prolífico toletero acotó en ese momento que la mayoría de los peloteros hispanos pasan primero por los Estados Unidos antes de llegar a Japón, por lo que ya tienen la experiencia de ir a trabajar a un país distinto y aprender un idioma nuevo.
 
   Por esto, cuando llegan a la liga ya tienen una idea de lo que es adaptarse a una cultura y una lengua distintas y eso les facilita todo. En comparación, los jugadores estadounidenses por lo general nunca han jugado fuera de su país ni conocen otro idioma, por lo que pasan más trabajo a la hora de ajustarse a un entorno foráneo.
 
   Debido a la ausencia en América Latina de ligas de verano lo suficientemente poderosas en términos económicos, los peloteros de la región que desean convertirse en jugadores profesionales no tienen más remedio que irse a jugar al exterior y esto casi siempre significa entrar en contacto con un idioma y una cultura distintas.
 
   De manera que para ellos irse a jugar a los Estados Unidos, Japón, Italia o Corea del Sur es prácticamente lo mismo, ya que en todos los casos deben adaptarse a un país y un idioma distintos al suyo. Un pelotero estadounidense cuenta con la ventaja de que puede disputar toda su carrera, desde el béisbol infantil hasta las Grandes Ligas, dentro de su propio país, pero uno latino, salvo que viva en México, no tiene esa opción.
 
   Otro factor importante que hace a los jugadores latinos más atractivos a la hora de contratar talento foráneo es algo que se deriva directamente del punto anterior: la falta de quejas. Para ellos, irse a jugar a los Estados Unidos o Japón representa, en ambos casos, un avance en sus carreras, por lo que aceptan con gusto cualquiera de las dos oportunidades y trabajan lo más duro posible para tratar de triunfar en ese circuito.
 
   Por el contrario, para muchos peloteros estadunidenses irse a jugar a Japón es visto como un descenso en sus carreras, por lo que no están demasiado felices a la hora de irse y, por lo general, se quejan mucho cuando el choque cultural les pega más de lo esperado.
 
   La transformación de los jugadores latinoamericanos en algunas de las máximas estrellas de la NPB también ha influido mucho en el aumento del número de peloteros de la región que han venido a demostrar su talento a la liga.
 
   Durante los años 80, por ejemplo, las máximas estrellas extranjeras y del béisbol japonés en general provenían de los Estados Unidos. Randy Bass, Greg “Boomer” Wells, Warren Cromartie y Leron Lee, entre otros, hicieron historia gracias a sus extraordinarias actuaciones.
 
   Sin embargo, desde que el venezolano Roberto Petagine llegó a la liga en 1999 y ganó de inmediato el título de jonrones de la Liga Central con 44, los peloteros latinos empezaron poco a poco a asumir el protagonismo del circuito.
 
   El mismo Petagine se convirtió en 2001 en el primer hispano en ganar el galardón al Jugador Más Valioso de la temporada regular y apenas un año después el también venezolano Alex Cabrera repitió la hazaña, luego de igualar el que para entonces era el récord de jonrones para una campaña en la NPB: 55.
 
   El también criollo Alex Ramírez, que desde 2001 venía acumulando muy buenos números con una consistencia envidiable, dio el toque de gracia a finales de la década al obtener el premio al Jugador Más Valioso en temporadas consecutivas con los Gigantes de Yomiuri: 2008 y 2009.
 
   Desde entonces, todos los sluggers más destacados de la NPB han llegado del Caribe: el dominicano Tony Blanco, su compatriota Héctor Luna, el cubano Michel Abreu e incluso el curazoleño Wladimir Balentien, quien impuso en 2013 una nueva marca de cuadrangulares para la liga con 60.
 
   En su mejor campaña con Yomiuri en 2010, Ramírez causó tanta sensación que los scouts japoneses comenzaron a visitar Venezuela con más frecuencia con la esperanza de encontrar al “próximo Alex Ramírez”.
 
   La reciente decisión del gobierno cubano de permitirles a sus peloteros que se vayan a jugar profesionalmente al exterior sin desertar también ha contribuido al crecimiento de esta ola migratoria latina. Sólo en la presente campaña, 4 jugadores de ese país firmaron contratos con clubes japoneses y esa cifra promete crecer en el futuro.
 
   El total de 29 latinos que han visto acción en la NPB este año promete incluso elevarse muy pronto, ya que 2 nuevos peloteros cubanos que fueron firmados recientemente acaban de llegar al país y esperan su turno para debutar y un lanzador venezolano que está en su segunda campaña en la liga está a punto de regresar a la acción con su club.
 
   Si todos ellos logran disputar al menos un juego antes del final de la temporada, serán entonces 32 los latinos que habrán visto acción en el circuito esta campaña y eso sin duda representa un logro contundente.
 
   Básicamente, lo único que le falta a los jugadores latinos para convertirse en la presencia extranjera más importante en la NPB es superar al número de peloteros estadounidenses que están registrados en los rosters de los 12 clubes de la liga, que históricamente ha sido siempre superior al de cualquier otro país o región.
 
   En este momento, y por primera vez en la historia, las fuerzas están totalmente igualadas con 32 jugadores por bando, por lo que es muy posible que para el año que viene el número de latinos se convierta en mayoría.
 
   No podemos sino celebrar un logro tan importante. El béisbol latino no sólo ha crecido en número sino también en importancia y protagonismo en la NPB en los últimos 17 años. Esto debe llenarnos de mucho orgullo, pero también debe hacernos reflexionar.
 
   El increíble éxito que hemos logrado hasta ahora no durará por siempre, por lo que tenemos la obligación de disfrutarlo responsablemente y de tratar de extenderlo tanto como sea posible, porque una vez que lo perdamos será muy difícil recuperarlo.
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