Vie, 01 Jul 2022 06:51 AM

El costo de los estadios de la MLB vs la NPB

 

Varias comunidades latinas fueron desplazadas para construir el Dodger Stadium

 

   Esta semana leímos un extraordinario artículo de Sheryl Ring que describe cómo los equipos de Grandes Ligas construyen sus nuevos estadios para atraer, en las detestables palabras del antiguo dueño de los Dodgers de Brooklyn Walter O’Malley, a una “mejor clase de fanáticos”.

 

   Ring explica que existe una palabra para describir ese fenómeno, “gentrificación”, que básicamente significa el desplazamiento forzoso de comunidades pobres de un área urbana para darle paso a comunidades y negocios pertenecientes a la clase media o alta.

 

   En su momento, los Dodgers decidieron mudarse de Brooklyn a Los Ángeles no sólo para hacer más dinero, sino también para alejarse de un vecindario que estaba lleno de una clase de fanáticos que no le gustaba al dueño del club.

 

   La ciudad californiana, por cierto, no estaba libre de comunidades pobres, pero fue más sencillo convencer a las autoridades locales de desplazar a los desafortunados que ocupaban la zona en la que ahora está construido el Dodger Stadium que a las autoridades neoyorquinas.

 

   A pesar de que ya han pasado más de 60 años de aquella mudanza, la historia se sigue repitiendo una y otra vez. Ocurrió con el estadio de los Bravos de Atlanta, el de los Cardenales de San Luis, el de los Mellizos de Minnesota y el de los Yanquis de Nueva York, por citar sólo algunos ejemplos.

 

   El caso de los Atléticos de Oakland es el más reciente de todos. El equipo tiene años amenazando con abandonar la ciudad si no le dejan construir un estadio nuevo. Sin embargo, cuando le aprobaron un plan para hacerlo, lo rechazó porque la ciudad le exigía construir un 15% de viviendas económicas en el área.

 

Los Atléticos prefieren irse de Oakland antes que permitir la construcción de viviendas económicas cerca de su nuevo parque

 

   Es decir, el club prefiere mudarse a otra ciudad antes que permitir la construcción de un pequeño número de viviendas económicas en las cercanías del nuevo estadio. Como explica Ring en su artículo, “los equipos de la MLB quieren que sus fanáticos sean ricos y blancos”.

 

   La estrategia de construir estadios nuevos para atraer sólo a los fanáticos más privilegiados está tan arraigada en los dueños de los clubes que la MLB se ha convertido en una de las causas principales de gentrificación en los Estados Unidos.

 

   En realidad, no existe nada de malo con querer generar dinero a través de la construcción de un nuevo estadio. Incluso los conjuntos japoneses y de otros países hacen eso. La injusticia está en pretender hacerlo a costa del sufrimiento de las comunidades más pobres.

 

   Los Luchadores de Nippon Ham, de la Liga del Pacífico de la NPB, representan un ejemplo a seguir en este aspecto. Hace un par de años decidieron mudarse del Sapporo Dome porque esa entidad, además de cobrarles renta, se quedaba con una parte importante de las ganancias generadas por la venta de entradas, comida y artículos del equipo.

 

   Así, con el objetivo de asumir el control absoluto de su negocio y maximizar sus ingresos económicos, decidieron construir un nuevo estadio a las afueras de la ciudad (no había espacio para hacerlo dentro), en un área deshabitada rodeada de naturaleza que está como a 20 minutos en tren del centro de Sapporo.

 

Nippon Ham está construyendo su nuevo estadio a las afueras de Sapporo

 

   Como en cualquier nuevo proyecto de construcción, los vecinos del área protestaron por el impacto ambiental que generaría un trabajo de esa magnitud, pero a diferencia de lo que ocurre en los Estados Unidos ninguna persona fue desplazada de su hogar como consecuencia del mismo.

 

   El nuevo parque, siguiendo el modelo de los Estados Unidos, incluirá un centro comercial, restaurantes y lugares de entretenimiento, pero no viviendas de lujo o de cualquier otro tipo. Adicionalmente, incluirá una estación de trenes para facilitar la asistencia de los fanáticos al mismo. 

 

   Ese plan representa un mundo de diferencia con respecto a la mudanza de los Bravos de Atlanta del Turner Field al estadio de Cobb County, a las afueras de la ciudad, donde no se puede llegar por transporte público sino sólo por carro. El club decidió simplemente enfocarse en una “mejor clase de fanáticos”.

 

   Otra diferencia importante es que Nippon Ham pagará por todos los costos de construcción, mientras que la mayoría de los estadios nuevos que se construyen en los Estados Unidos son pagados con los impuestos de los habitantes locales, incluyendo aquellos que son desplazados de sus hogares para construirlos.

 

   En otras palabras, el club no invierte nada pero se queda con todas las ganancias que genera el parque bajo la promesa vacía de que la nueva instalación generará empleos y ayudará a revitalizar la economía de la región, cosa que varios estudios ya han comprobado que no es cierta.

 

Los Yanquis no pagan, ni pagarán, impuestos de propiedad en su actual estadio

 

   Los Yanquis de Nueva York representan una excepción a esta regla, ya que ellos sí cubrieron todos los costos de su nuevo estadio. Sin embargo, lo hicieron luego de llegar a un acuerdo con la ciudad para no pagar impuestos en esa propiedad DE POR VIDA.

 

   Es decir, los habitantes de los apartamentos de lujo que viven cerca del estadio, así como todos los negocios que lo rodean, deben pagar impuestos de propiedad altísimos por mantenerse ahí, pero uno de los clubes deportivos más ricos del planeta no está obligado a hacerlo.

 

   Insistimos, generar dinero con un nuevo estadio no es algo malo de por sí, lo que está mal es hacerlo desplazando a la gente pobre de sus hogares. Es perfectamente posible lograr lo primero sin generar lo segundo y así lo han demostrado varios clubes nipones. 

 

   Las Estrellas de DeNA, por ejemplo, le encontraron una solución lógica y viable al mismo problema que obligó a Nippon Ham a mudarse de sede: la injusta repartición de las ganancias generadas por su estadio entre el club y los dueños del estadio.

 

   El equipo intentó construir su propio parque, pero se dio cuenta que no había espacio disponible para hacerlo ni dentro ni fuera de la ciudad de Yokohama, razón por la cual decidió quedarse en el mismo estadio y simplemente comprar la mayoría de sus acciones.

 

   En lo que se llama una toma amigable, la compañía DeNA le ofreció al resto de los accionistas del inmueble comprar una parte considerable de sus acciones a un precio superior al que ofrece el mercado, de manera de que pudieran ganar dinero por una parte y por la otra mantener aún su interés en el parque.

 

DeNA asumió la mayoría de las acciones del Estadio de Yokohama en 2015

 

   Debido a lo razonable de la oferta, los otros accionistas aceptaron la propuesta y DeNA terminó adquiriendo más del 50% de las acciones del estadio, por lo que ahora es quien decide cómo se reparten las ganancias que genera el mismo.

 

   Con el tema financiero bajo control, la compañía no se quedó ahí sino que además remodeló el estadio y le agregó más asientos, de manera de poder vender más entradas y aumentar el consumo de comida y productos dentro del mismo, lo que se traduce en mayores ingresos.

 

   Los Leones de Seibu, por su parte, construyeron su actual estadio, el MetLife Dome de Tokorozawa, en un área deshabitada, rodeada de bosques y lagos, al noroeste de Tokio, no porque querían alejarse de la ciudad sino porque ese era el espacio que estaba disponible.

 

   La compañía matriz, que entre otras cosas incluye trenes de pasajeros y tiendas por departamento, construyó una línea de trenes exclusiva para llegar al estadio que todavía hoy representa la opción más barata y más rápida de llegar al mismo.

 

   Adicionalmente, llenó el corto pasillo que hay entre la salida de la estación y la entrada del parque de pequeñas tiendas que pertenecen a la compañía, razón por la cual todo el dinero que genera el estadio, incluyendo el costo de transporte para llegar al mismo, se queda en las arcas de Seibu.

 

El Seibu Stadium fue construido en un área deshabitada al noroeste de Tokio

 

   Ese es un claro ejemplo de cómo construir un monopolio sin forzar el desplazamiento de las comunidades que ocupan el área en la que se desea erigir el estadio.

 

   Los otros equipos de la NPB poseen estadios construidos por sus ciudades y pagan su alquiler respectivo y además comparten las ganancias que generan los mismos con la ciudad. Si bien suelen salir perdiendo en esos tratos, también lo es que tienen distintas opciones disponibles para mejorar su situación económica sin desplazar a nadie de su hogar, como lo demuestran los casos de Nippon Ham, DeNA y Seibu.

 

   Los conjuntos de la MLB podrían seguir esos ejemplos, pero simplemente han decidido no hacerlo.

 

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