Sáb, 20 Jul 2024 05:37 AM

El legado de la carrera del legendario Ichiro Suzuki

 

Ichiro anunció su retiro del béisbol el pasado jueves

 

   El legendario jugador japonés Ichiro Suzuki anunció este jueves su retiro del béisbol profesional luego de 28 campañas de actividad, por lo que el momento no podría ser más propicio para echarle un vistazo a la herencia que nos dejó.

 

   Desde nuestro punto de vista, su legado más importante fue el de habernos recordado que el béisbol no es sólo jonrones y rectas de 100 millas por hora, sino también sencillos, toques de sacrificio, robos de base y una excelente defensa.

 

   Cuando Ichiro debutó en las Grandes Ligas en la temporada 2001, lo hizo en medio de la época más desmesurada en la historia del circuito en términos de poder, cuando los jonrones, gracias a la ayuda de los esteroides, volaban más lejos que nunca.

 

   Ese año, el estadounidense Barry Bonds impuso el actual récord de la MLB al disparar nada menos que 73 cuadrangulares y le siguieron en la lista el dominicano Sammy Sosa con 64, el norteamericano Luis González con 57 y el dominicano Alex Rodríguez con 52.

 

   Los 30 clubes de las mayores estaban tan preocupados por llenar las bases y conectar jonrones que prácticamente se olvidaron de la existencia de la pelota pequeña y de su importancia y utilidad para ganar partidos.

 

El primer toque de bola de Ichiro en MLB fue tan memorable que muchos todavía lo recuerdan

 

   Es por eso que cuando en su primer juego de esa campaña Ichiro realizó un fenomenal toque de bola en el cierre del octavo episodio, que provocó un error en el tiro a primera y permitió a uno de sus compañeros avanzar a tercera y anotar luego la carrera del triunfo, el público en el estadio simplemente estalló de emoción.

 

   Apenas 7 juegos más adelante, retiró en la tercera base a un corredor que intentó llegar ahí desde primera con un lanzamiento desde el jardín derecho tan sensacional que los fanáticos todavía hablan de él.

 

El famoso lanzamiento de Ichiro ante Oakland

 

   Los medios lo apodaron “El tiro” y un reportero que cubría los juegos de los Marineros de Seattle se atrevió a decir que ese lanzamiento debería ser enmarcado y colgado junto a la Mona Lisa en el Museo del Louvre, en París.

 

   Para el Juego de las Estrellas, el receptor puertorriqueño Iván Rodríguez lo declaró el mejor jugador del momento, mientras que su compañero de equipo John Olerud afirmó que su energía como primer bate era la que movía al resto del equipo.

 

   Por si eso fuera poco, ya había aparecido en la portada de la prestigiosa revista Sports Illustrated a principios de junio, luego de haber rechazado la oportunidad de hacerlo antes alegando que todavía no se había probado a sí mismo.

 

Mejores momentos de la temporada 2001 de Ichiro Suzuki

 

   Al momento de finalizar la temporada, no sólo ayudó a Seattle a establecer un nuevo récord de victorias en la Liga Americana con 116, sino que además se alzó con el premio al Novato del Año e impuso una serie de marcas impensables antes de su llegada.

 

   Lideró su circuito en promedio (.350) y bases robadas (56) para convertirse así en el primer jugador en ganar ambos títulos en una misma capaña desde que Jackie Robinson lo hiciera en 1949. Por si eso fuera poco, también lideró las mayores con 242 hits, la cifra más alta registrada en esa categoría desde 1930.

 

   Así mismo, ganó el Guante de Oro como jardinero y, más importante aún, se alzó con el galardón al Jugador Más Valioso de la Liga America, superando nada menos que a Jason Giambi, Alex Rodríguez y su compañero de equipo Brett Boone.

 

   Boone bateó para .331, con 37 vuelacercas y 141 empujadas; Rodríguez lo hizo para .318, con 52 jonrones y 135 remolques y Giambi registró un promedio de .342, 38 estacazos y 120 empujadas, pero a pesar de ello Ichiro recibió la mayor cantidad de votos para el primer lugar, por lo que terminó quedándose con los honores.

 

Ichiro establece un nuevo récord de hits para una temporada

 

   Así comenzó una fructífera e increíble carrera que lo vio imponer un nuevo récord de hits para una temporada en 2004, año en el que disparó 262 imparables y superó la marca de 257 que George Sisler había establecido en 1920.

 

   Adicionalmente, en 2010 sumó su décima temporada consecutiva con 200 o más hits, con lo que pulverizó el récord de 8 campañas en fila que había establecido Wee Willie Keeler en 1901 e igualó a Pete Rose como el único jugador en la historia de la MLB con 10 temporadas de 200 o más imparables.

 

   Lo único lamentable de todo esto es que su paso por las mayores no provocó un resurgimiento de jugadores de su mismo estilo. Es decir, de bateadores habilidosos con mucha velocidad en las bases, alto promedio y buena defensa. Todo lo contrario, hoy día los equipos siguen prefiriendo a los toleteros de poder.

 

   Esa es la razón por la que su legado es tan importante, porque nos recuerda que esa parte tan crucial del juego conocida como “la pelota pequeña” todavía existe y puede ser muy emocionante de ver, como él mismo lo demostró en infinidad de ocasiones.

 

   Según sus declaraciones en la rueda de prensa en la que anunció su retiro, Ichiro califica de “imposible” una potencial carrera como manager, por lo que ahora sólo nos queda esperar su exaltación a los salones de la fama de Japón y las Grandes Ligas, que ocurrirán en 2025.

 

   Una de las cosas más sorprendentes de su carrera es que sus números en Japón y sus números en las mayores son suficientes, por separado, para darle acceso a la inmortalidad en ambos circuitos.

 

Lo mejor de la carrera de Ichiro en Japón

 

   En la NPB, entre 1994 y 2000, ganó 7 títulos de bateo y 7 Guantes de Oro consecutivos, además de ser electo 7 veces al Equipo Ideal de la temporada, participar 7 veces en la Serie de las Estrellas, ganar 3 premios al Jugador Más Valioso de la campaña, 2 campeonatos de liga y una Serie de Japón.

 

   El Salón de la Fama nipón también toma en cuenta los números cosechados en la MLB a la hora de evaluar a los candidatos a ser inmortalizados, por lo que la exaltación de Ichiro está más que garantizada. No obstante, incluso si ese no fuese el caso, el legendario bateador todavía sería inmortalizado.

 

   El Salón de la Fama de Cooperstown, por el contrario, no toma en consideración los números de otras ligas a la hora de evaluar a sus candidatos, pero eso no tiene relevancia en este caso ya que los números de Ichiro en la MLB son más que suficientes para garantizar su exaltación.

 

   A pesar de que debutó en las mayores a los 27 años, terminó su carrera a ese nivel con 3.089 hits, un promedio de .311, 10 Guantes de Oro, 10 participaciones en el Juego de las Estrellas, 2 títulos de bateo, uno de bases robadas, un premio al Novato del Año y uno al del Jugador Más Valioso de la temporada regular.

 

   Por si eso fuera poco, también estableció 2 marcas sumamente difíciles de romper: 262 hits en una temporada y 10 campañas seguidas con 200 o más hits.

 

Ichiro sale por última vez del terreno de juego

 

   Cuando en el juego del jueves fue sacado por su manager en el cierre del octavo episodio, el público del Tokyo Dome, que abarrotó el estadio para verlo jugar, lo aplaudió de pie por casi 5 minutos.

 

   Las emotivas imágenes de su despedida, abrazando y saludando a todos sus compañeros de equipo y a su manager, además de agradecer los aplausos del público, muy probablemente quedarán grabadas por siempre en la historia del béisbol.

 

   En la rueda de prensa de su despedida, advirtió de la peligrosa tendencia que están siguiendo en este momento las Grandes Ligas, en la cual los fundamentos del deporte carecen de importancia y ya no hace falta pensar para jugarlo.

 

   En su opinión, el béisbol debe ser un deporte que nos obligue a pensar, por lo que si eso se pierde, entonces se perderá también el interés que éste genera.

 

   Por esa razón, advierte que el béisbol japonés no debe tratar de copiar al americano, sino conservar el estilo de juego que lo ha caracterizado por casi 70 años. A pesar de que la gente suele olvidarse de apreciarlo, sin duda se trata de una forma muy interesante y entretenida de practicar el deporte.