Mar, 09 Ago 2022 22:32 PM

La discriminación y la deportividad en la NPB

 

   Hace unos días tuvimos un interesante debate en nuestra página de Facebook con el ex lanzador dominicano Héctor Almonte, quién jugó en la NPB en 2001 y 2002, acerca de la discriminación y la deportividad en el béisbol profesional japonés.

 

   Cuando mencionamos que sus compatriotas Mauro Gómez y Wily Mo Peña no recibieron muchos votos este año para el premio al Jugador Más Valioso, Almonte alegó que los japoneses son demasiado celosos como para votar por los extranjeros.

 

   Nuestra respuesta fue que ese no es el caso, ya que varios extranjeros han ganado ese galardón en el pasado, incluyendo tres latinos, sino que más bien se trata de la terca tradición de los cronistas deportivos nipones de votar siempre por el jugador más destacado del equipo campeón de liga en lugar de hacerlo por el mejor jugador de todo el circuito.

 

   Almonte citó su experiencia propia en Japón en 2002 como prueba. Hacia finales de esa campaña, cuando el venezolano Alex Cabrera estaba amenazando con romper el récord de 55 jonrones que compartían entonces Sadaharu Oh y Karl “Tuffy” Rhodes, los conjuntos rivales dejaron de repente de hacerle lanzamientos buenos para evitar que superase la marca. El dominicano recordó que eso fue penoso de ver.

 

   Adicionalmente, se quejó de no recibir la oportunidad de lanzar ni una sola vez como relevista en la Serie de Japón ese año, que terminó ganando su equipo, los Gigantes de Yomiuri, en cuatro juegos seguidos. Aunque no lo clarificó, suponemos que con eso quiso resaltar el hecho de que en ese momento fue discriminado por ser extranjero.

 

   Nuestra respuesta a ese argumento fue que, a pesar de que reconocemos que la discriminación sí existe en el béisbol japonés, no es exclusiva para los extranjeros sino que también existe entre los propios japoneses, algo que ya pudo verse en la votación para el premio al Jugador Más Valioso, en la que los jugadores de los equipos que no estuvieron en los dos primeros puestos de la clasificación, sin importar si eran importados o no, fueron ignorados.

 

   También mencionamos un ejemplo de falta de deportividad similar a la que vivió Cabrera en 2002. En los últimos días de la temporada 2014, el jardinero de los Búfalos de Orix Yoshio Itoi lideraba la categoría de promedio ofensivo en la Liga del Pacífico, pero era seguido muy de cerca por el antesalista de las Águilas de Rakuten Ginji Akaminai.

 

   Cuando ambos equipos se enfrentaron, los lanzadores de Orix, probablemente siguiendo órdenes emitidas desde la banca, dejaron de hacerle lanzamientos buenos a Akaminai para evitar que éste superara en promedio a su compañero de equipo Itoi, quien al final se quedó con el título de bateo del circuito. Situaciones como ésta han ocurrido con frecuencia a lo largo de la historia de la NPB.

 

   Es un hecho, tal como lo señaló Almonte, que la discriminación y la falta de deportividad existen en el béisbol japonés, pero también lo es que existen por igual en todos los deportes y todos los países del mundo. Difícilmente podría decirse que se trate de algo que sólo ocurre en Japón, por eso quisimos dedicarle nuestra columna de hoy al tema.

 

   Analicemos la discriminación que existe entre japoneses y extranjeros en la NPB para ilustrar mejor nuestro punto. Si en ocasiones es cierto que jugadores foráneos como Alex Cabrera son discriminados precisamente por ser extranjeros, también lo es, y con mucha más frecuencia, que los peloteros japoneses son discriminados por ser japoneses, en especial en lo que a salarios se refiere.

 

   Casi todos los importados que llegan a jugar en la NPB cada año ganan un sueldo superior a los 100 mil dólares anuales y la mayoría de ellos reciben entre 300 y 500 mil por campaña; esto sin tomar en cuenta a los varios que superan el millón.

 

   En comparación, casi todos los jugadores nipones comienzan sus carreras con sueldos inferiores a 100 mil dólares y no sólo los ven aumentar muy lentamente, sino que además corren el riesgo de sufrir recortes de salario si su rendimiento sobre el terreno no es bueno.

 

   Citemos el ejemplo del receptor de los Halcones de SoftBank Toru Hosokawa, quien a sus 34 años y con 13 temporadas de experiencia en la NPB, además de 4 títulos de la Serie de Japón sobre sus hombros, apenas gana 538 mil dólares anuales.

 

   No obstante, un importado sin experiencia en la liga y que ya está en el final de su carrera como el norteamericano Kevin Youkilis fue firmado a principios de año por 2,5 millones de dólares por las Águilas de Rakuten y terminó jugando sólo 21 partidos en toda la campaña.

 

   Esta misma situación ya la vimos este año en las Grandes Ligas cuando los Yanquis de Nueva York firmaron al lanzador Masahiro Tanaka por 7 temporadas y 155 millones de dólares a pesar de que éste nunca había visto acción en esa liga con anterioridad.

 

   Sin ir muy lejos, este tipo de discriminación se ve en la NPB incluso entre los propios jugadores latinos. Por sólo citar un ejemplo, el cubano Alfredo Despaigne fue firmado este año por los Marinos de Lotte por 700 mil dólares para jugar sólo los dos últimos meses de la temporada, mientras que el dominicano Rainel Rosario recibió apenas 100 mil dólares de los Carpas de Hiroshima por jugar la campaña completa.

 

   Adicionalmente, hay que tomar en cuenta las muchas comodidades con las que trabajan los jugadores extranjeros en relación a los japoneses, que deben practicar mucho más que los primeros y recibiendo un salario inferior para poder ganarse un puesto en el equipo.

 

   Por lo general, los jugadores japoneses inician su año con un entrenamiento “voluntario” que comienza 2 o 3 semanas antes del arranque de los entrenamientos primaverales y al que la mayoría asiste porque entienden que se trata de una cita obligatoria.

 

   Durante la temporada regular, entrenan más y con mayor intensidad que los extranjeros y después de terminada la misma asisten al llamado “campamento de otoño”, que consta de otras 2 o 3 semanas de prácticas en las que se tratan de corregir los errores cometidos durante la campaña.

 

   Los extranjeros sólo llegan al país –y a veces con retraso– para unirse a los entrenamientos primaverales y luego se van apenas terminada la temporada regular. Los peloteros japoneses no pueden darse ese lujo.

 

   En cuanto a la falta de deportividad vista en el caso de Cabrera, como ya mencionamos con anterioridad también ocurre a menudo entre los propios jugadores japoneses, en especial cuando dos de éstos están disputando un título particular.

 

   Por citar otro ejemplo reciente, recordemos la batalla por el título de bateo de la Liga del Pacífico de la temporada 2012 entre Hiroyuki Nakajima (Leones de Seibu) y Katsuya Kakunaka (Marinos de Lotte), que ganó el último por sólo una centésima porcentual (.312 a .311).

 

   El 6 de octubre de ese año, en el último encuentro de la campaña entre ambos conjuntos, el manager de Lotte decidió sentar a Kakunaka para proteger su ventaja en el liderato y a su vez ordenó a sus lanzadores a no hacerle lanzamientos buenos a Nakajima para evitar que éste superase al primero.

 

   Vale la pena acotar que este tipo de falta de deportividad no se limita sólo a la NPB sino que se ha visto también en ocasiones en las Grandes Ligas, como en el momento en que Barry Bonds rompió el récord de jonrones para una temporada en 2001 y luego la marca general de por vida que sostenía Hank Aaron en 2007.

 

   Al final, el famoso toletero conquistó las dos metas, pero no sin enfrentar a equipos y lanzadores que en algún momento lo evitaron de todas las formas posibles. No es casualidad el hecho de que Bonds posea los tres totales más altos de bases por bolas recibidas en una temporada en la historia de las Grandes Ligas: 232 (en 2004), 198 (en 2002) y 177 (en 2001).

 

   Como ya mencionamos anteriormente, no negamos que tanto la discriminación como la falta de deportividad existen en el béisbol japonés, pero dudamos mucho que se traten de problemas que sólo ocurran en la NPB. En nuestra opinión, se tratan más bien de problemas universales que afectan por igual a todos los países, todas las culturas y todas las disciplinas deportivas.

 

   Además, en el caso de los extranjeros que ven acción en el béisbol japonés nos atrevemos a decir que la discriminación los favorece mucho más de lo que los afecta, por lo que no hay que alarmarse mucho cuando se hace presente.

 

   Los latinos, en especial, son algunos de los más favorecidos en este caso, por lo que a pesar de que en ocasiones deben pasar por situaciones incómodas en general se ven en una posición mucho más privilegiada que el resto de los jugadores de la liga.

 

   Se puede decir incluso, y colocando los salarios a un lado, que los latinos reciben un mejor trato en Japón del que reciben en las Grandes Ligas, donde generalmente son abandonados a su suerte y sólo los más fuertes sobreviven.

 

   En la NPB, por el contrario, son tratados todos como estrellas. Se les asigna un intérprete para ayudarlos con todas sus necesidades (algo que rara vez ocurre en los Estados Unidos), se les trata con mucho respeto y hasta se les toma como ejemplos a seguir, en especial a aquellos que llegan con experiencia previa en las mayores.

 

   Poniendo las cosas en perspectiva, los beneficios que reciben parecen ser mucho mayores que las incomodidades que deben afrontar, aunque, obviamente, cada quien tendrá una opinión distinta en relación a este punto.

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